En mi día a día veo cómo la 𝗱𝗲𝘀𝗶𝗱𝗶𝗮 va ganando terreno. No solo en lo tecnológico, sino en todos los aspectos de la vida. Es una tendencia ascendente, difícil de combatir, porque se camufla como rutina, como comodidad. Me resisto e intento minimizar su impacto, pero es una lucha constante. 𝗠𝗲 𝗻𝗶𝗲𝗴𝗼 𝗮 𝗮𝗰𝗲𝗽𝘁𝗮𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗶𝗱𝗶𝗮 𝗴𝗮𝗻𝗲.
Según la 𝗥𝗔𝗘, la desidia es 𝗻𝗲𝗴𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝗳𝗮𝗹𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝘂𝗶𝗱𝗮𝗱𝗼 𝘆 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱.
Es esa actitud de dejadez, de no actuar cuando se debería, por falta de interés o esfuerzo. Y en el mundo de los negocios y la tecnología, 𝗲𝘀𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝗹 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗹𝗲𝘁𝗮𝗹.
Lo veo cada día:
• Se posponen decisiones tecnológicas clave porque “todavía funciona lo que tenemos”.
• Empresas que evitan invertir en ciberseguridad porque “nunca nos ha pasado nada”.
• Procesos obsoletos que siguen ahí porque “es como siempre lo hemos hecho”.
𝗟𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻 𝗻𝗼 𝗮𝘃𝗮𝗻𝘇𝗮, 𝗿𝗲𝘁𝗿𝗼𝗰𝗲𝗱𝗲.
La nube, la ciberseguridad, la automatización… Todas estas soluciones están al alcance de las empresas para mejorar su eficiencia y proteger su futuro. Pero 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗮𝘀 𝗼𝗿𝗴𝗮𝗻𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲𝗻 𝗮𝘁𝗿𝗮𝗽𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗶𝗱𝗶𝗮 𝘁𝗲𝗰𝗻𝗼𝗹ó𝗴𝗶𝗰𝗮.
No es un problema de recursos ni de conocimiento. Es la mentalidad del “𝘆𝗮 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗿é”, “𝗮𝘀í 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗯𝗶𝗲𝗻”, “𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗵𝗲𝗺𝗼𝘀 𝘁𝗲𝗻𝗶𝗱𝗼 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮𝘀”. Es procrastinación disfrazada de estabilidad.
No se trata de adoptar tecnología porque sí, sino de hacerlo con estrategia y visión. T𝗲 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗼 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮𝗿 𝗮 𝗿𝗼𝗺𝗽𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗲𝗿𝗰𝗶𝗮 𝘆 𝘁𝗼𝗺𝗮𝗿 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘁𝗲𝗰𝗻𝗼𝗹ó𝗴𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗺𝗮𝗿𝗾𝘂𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮.
Si tu empresa sigue postergando ese cambio necesario, 𝗽𝗿𝗲𝗴ú𝗻𝘁𝗮𝘁𝗲 𝗰𝘂á𝗻𝘁𝗼 𝘁𝗲 𝗲𝘀𝘁á 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗻𝗼 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗻𝗮𝗱𝗮.
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